martes, 16 de junio de 2009

El canto de las comunidades cristianas, el comienzo



En la oscuridad, en medio de oraciones, cantos y lecturas de los textos sagrados, los primeros cristianos, en los siglos I y II, en la clandestinidad, vivían su fe bajo el yugo del Imperio Romano. En estas reuniones “secretas”, entre exhortaciones y manifestaciones del fervor religioso, se escuchaban las melodías y cantinelas habituales en la sinagoga judía. De esta herencia hebrea y grecorromana, sabemos que adoptaron formas y estructuras de algunos himnos paganos así como el ethos de las escalas modales; declamaban melódicamente los Salmos escritos por el rey David y Asaf, la Salmodia; y entonaban el aleluya, el “amén” (así sea) y el “Gloria”. Otra de las características importantes es que la música era predominantemente diatónica, evitando cualquier cromatismo (la microinterválica griega se había extinguido), y se mostraba subordinada al texto, es decir, el objetivo de la música era enfatizar el sentido de las frases; así permanecería por años.

Debido al acoso y persecución, muchos cristianos comenzaron a huir a diversas localidades como Bizancio, Antioquia, Alejandría y Grecia en oriente y hasta Milán y Roma en occidente, donde se establecieron formando diversas comunidades cada una de las cuales desarrollaría su propia liturgia pero manteniendo los rasgos de la música griega y hebrea. De esta variedad de núcleos culturales podemos distinguir en occidente

v Liturgia Ambrosiana o Milanesa

v Liturgia Romana

v Liturgia Galicana

v Liturgia Visigoda o Mozárabe

mientras en oriente distinguimos las liturgias de Siria y Bizancio.

Esta diversidad litúrgica se verá disminuida debido al intento de unificación del papa Gregorio el Grande, extendido durante los siglos VI y VIII.

Obras como Anastaseos hemera (liturgia bizantina) o Veni redemptor gentium (liturgia milanesa, canto ambrosiano), reflejan las características musicales de este período temprano marcado por la expansión del cristianismo.

De estas manifestaciones la última cobraría especial importancia debido al perentorio papel jugado en el desarrollo de la música litúrgica.

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